viernes, 29 de abril de 2016

Concierto No. 5: Sinfonía Trágica de G. Mahler (28-4)

Cuando nos enteramos de que el maestro Juan Pablo Izquierdo retornaba al Teatro Municipal con la sexta sinfonía de Mahler, inmediatamente nos hemos asegurado unas butacas. Y es que el maestro no pudo elegir mejor obra para reconciliarse con el coliseo de Agustinas, tras una década de distanciamiento. El discípulo de Scherchen (de osados registros mahlerianos) y asistente de Bernstein (mahleriano de médula), retornaba con la sexta, “La Trágica”. La más compleja y una de las más exigentes sinfonías de Mahler.

Lo que vivimos anoche ha alcanzado el más alto nivel, ¡Qué ganas de obtenerle como registro! Porque merece lucirse junto a las más notables sextas como la de Bernstein, Abbado, Barbirolli o Kondrashin. Izquierdo ha desmenuzado la obra como quien abre hoja a hoja una lechuga y en esa lectura nos hemos encontrado con nuevos pasajes, colores y armonías nuevas. El cuarto movimiento ha sido eterno, de una densidad apabullante. Ni siquiera los martillazos de esa especie de mazo bárbaro, que emula el hachazo a un árbol, remeció esta pesada atmósfera que alimentó durante casi cuarenta minutos el doloroso pizzicato final.

El andante ha sido un doloroso adagio. Hipnotizante, por momentos onírico. Un gran trabajo de las cuerdas y las maderas, que lograron una perfecta afinidad con la melodía del corno.

El director nacional no ha caído en la reciente reconstrucción de la obra y ha mantenido el orden de los movimientos Scherzo-Andante como segundo y tercero respectivamente. Si el mismísimo Mahler tenía esta duda en el orden de las partes, poco y nada importa entrar en esta discusión que no parece tener fin.
A pesar de algunos detalles, la Orquesta Filarmónica de Santiago ha salido airosa del tremendo desafío al que le ha llevado la conducción de Juan Pablo Izquierdo. Por primera vez nos retiramos de una sala antes de que cesaran los aplausos, el maestro ya llevaba cuatro salidas al escenario y con esa imagen nos hemos quedado. Probablemente le siguen aplaudiendo y él lo sigue mereciendo.

lunes, 18 de abril de 2016

El Primer Trio para Cuerdas de Beethoven

Gracias al registro de 1992 "Beethoven: String Trios Op 3" del trío L'Archibudelli he estado disfrutando de este jovial divertimento, casi como de estudio, que refleja bien lo que son las primeras obras clásicas del compositor alemán. Con pasajes entretenidos, algunos complejos y un Andante que inexplicablemente (quizás por mí ignorancia no lo sé) no ha sido más reconocido.

Ludwig comenzaba a asentarse en Viena bajo la venia de "Papa" Haydn (la súper estrella del momento) que le abría puesto el ojo encima luego de escuchar sus composiciones en Bonn. A pesar de que el joven compositor ya contaba con una buena reputación relacionándose con importantes figuras de la élite, que destinaban sus buenos ducados por algunas obras, Viena era otra cosa. Era la capital de la música, por lo que Beethoven tendría que transformarse en una verdadera fábrica de composiciones para agasajar a tan exigente público.
 De Bonn arrastraba unos bocetos para un cuarteto de cuerdas que le habría encargado el conde Anton Apponyi, pero de todo ese trabajo resultó un trío para cuerdas en Mi mayor. Tanto por su estructura como por su carácter y espíritu se corresponden a un estilo de serenata al aire libre. En Viena las serenatas no estaban condicionadas a ser interpretadas en la noche y con un carácter amoroso, más bien eran interpretadas por pequeños conjuntos al aire libre para acompañar alguna fiesta o reunión.

 El Trío para cuerdas en Mi mayor Op. 3 fue dedicado a la condesa Anna Margarete von Browne, diplomática rusa que junto con su marido, dieron buena acogida y apoyo a Beethoven. Incluso en cierta ocasión el conde le regaló al joven compositor un caballo, el que fue montado, pero rápidamente olvidado y lo que es peor, descuidado. De no ser por un criado de Beethoven, el pobre equino no habría recibido ni cepillado, ni caminata, ni comida.
 El primer movimiento de este divertimento es un Allegro con brio. Está estructurado como sonata. Presenta dramatismo y pasajes altamente energéticos. Por momentos, desarrolla un delicado dúo entre el violín y el cello, que es interrumpido por el tema principal. Le sigue un hermoso Andante, que se desarrolla en base a las cuatro notas iniciales. Posteriormente nos enfrentamos a un breve y curioso primer Minuetto, donde destaca un rico pizzicato del cello y una introspectiva coda. El cuarto movimiento es un romántico Adagio en la bemol mayor, que desarrolla una interesante interacción entre los instrumentos, especialmente el acompañamiento del violín y cello a la viola.
 El segundo Minuetto, en tempo Moderato le da protagonismo y con buena exigencia al violín, el que brilla en un solo intermedio antecediendo a la repetición de la danza. El finale, un Allegro con características de Rondo evoca el primer movimiento.
 La obra no alcanza la profundidad de los tríos futuros (en total cinco) y tiene un claro apego a la obra mozartiana, sin embargo es interesante destacar algunos chispazos, pequeñas hebras, que se desarrollarán posteriormente en la trascendental obra Beethoviana.

sábado, 26 de marzo de 2016

Concierto Semana Santa 2016 CEAC (23-03-16)

El maestro Sieghart ya estaba muy bien ubicado en el podio y el murmullo e incomodidad continuaba en el Teatro Universidad de Chile. No ha niveles escandalosos, pero reflejaba bien que aquella noche de miércoles, en aquel recinto, no cabía un alfiler. Y es que el “Réquiem en re menor" de Wolfgang Amadeus Mozart es una obra que por sí misma llena las salas, además que junto a la Sinfonía en si menor, D. 759 de Schubert fueron parte del “Concierto de Semana Santa”, que ya es toda una institución.
Junto a una misa por las almas de los muertos, la octava sinfonía de Schubert pudo haber motivado más de alguna confusión por su chapa de “Inacabada” o “Inconclusa” y claro, la primera vez que sabemos de ella lo primero que pensamos es que la pluma del compositor no pudo seguir porque la muerte le ha reclamado. Sin embargo, al compositor austriaco aún le quedaban algunos años de vida y creación.
Su interpretación ha estado cuidada y emotiva. Ha quedado claro que es una obra muy conocida por el maestro Martin Sieghart. Violoncelos y contrabajos brillaron en el lúgubre pianissimo inicial; primer oboe y primer clarinete en el andante y los bronces acompañando un pizzicato de las cuerdas en el primer movimiento.
Es de celebrar la disposición en que la Orquesta Sinfónica de Chile ha enfrentado el programa. Los violoncelos al centro junto a las primeras violas, los timbales a la derecha y, obviamente, la contracción propia de una orquesta clásica han favorecido enormemente al resultado del Réquiem.
Luego del descanso, Sieghart ha regresado acompañado de la soprano Carolina García-Valentín, la contralto Marisol Hernández, el tenor Leonardo Polh y el bajo David Gáez, para la interpretación del tan esperado Requiem. Todos miembros de la Camerata Vocal de la Universidad de Chile.
Soy de los que gustan de un Réquiem pesado, oscuro y este no ha sido el caso. Martin Sieghart le ha dado un tempi ligero, que si bien ayuda a fragmentar la partitura y disfrutar de la genialidad mozartiana (junto a los parches de Süssmayr), nos aleja de esa solemnidad luctuosa que tan bien le hace a la obra.
El poderoso Coro Sinfónico de la Universidad de Chile ha dicho presente desde un principio. Un notable “Dies Irae”, un correcto “Lacrimosa”. Destacable el trombón que dejó atrás unas inseguridades y los solistas, especialmente la pareja masculina en su expresividad.

En conclusión, hemos disfrutado de un concierto correcto, con un afiatado Requiem, pero como un todo, como Concierto de Semana Santa, por debajo de lo que nos que se nos tiene acostumbrado.

domingo, 6 de marzo de 2016

Nikolaus Harnoncourt (1929-1016)


domingo, 7 de febrero de 2016

Per la ricuperata salute di Ofelia

Un día cualquiera de 1830, Pushkin abrió el tintero, untó los rumores que venían de muy lejos y literalmente de un plumazo destrozó la memoria del compositor italiano Antonio Salieri con su novela «Mozart y Salieri». Siglo y medio más tarde, Miloš Forman replicaría la fórmula, pero esta vez para la pantalla grande y el Mundo.
«Somos los Salieris de Charly» cantaba León Gieco a este lado del Atlántico y todos entendíamos a lo que se refería, especialmente con lo de «Le copiamos melodías a él Ja Ja Ja». A ese nivel se arrastraba por el fango la memoria del compositor italiano.
Pero este nuevo año 2016 nos ha traído otro capítulo de esta incombustible «teleserie» sobre la rivalidad entre estos dos grandes compositores. Hace un tiempo en La verdad de Salieri escribía sobre la necesidad de terminar con esta chimuchina y replantear la vida y obra de Antonio Salieri. Pues bien, nos ha llegado la excelente noticia sobre un notable hallazgo que ya debería firmar la lápida a estos doscientos años de incómodo descanso del maestro italiano.
Me imagino la emoción del musicólogo Timo Houko Herrmann cuando le informaron del Museo de la Música en Praga que habían encontrado la partitura (hasta entonces desaparecida) de la cantata de Salieri "Per la ricuperata salute di Ofelia», pero no me cabe duda que le temblaron las piernas al ver en un pasaje de ella, las firmas de un tal «Cornetti», de Antonio Salieri y la del mismísimo Wolfgang Amadeus Mozart como compositores. Es decir, ambos trabajaron juntos en algunos pasajes de la obra.

El 12 de octubre de 1785, la bella Nancy Storace interpretó, luego de sufrir problemas con sus cuerdas vocales, a Ofelia y es justamente para ella la dedicatoria que hacen estos tres personajes en esta partitura. Probablemente atraídos por otras motivaciones más allá de las vocales.

Se rumorea que en las próximas semanas volverán a sonar aquellos acordes en Salzburgo, gracias a la Fundación Mozarteum. Esperemos que sea el canto del cisne de este rumor mal intencionado para que Salieri pueda finalmente descansar en paz y nosotros disfrutar de su obra.

martes, 2 de febrero de 2016

Catalogando la música

La primera "5a" de Beethoven que tuve fue un cassette de la revista Ercilla, no recuerdo el conductor, ni la orquesta y menos el año de registro, pero apareció a mediados de los 80s en una colección de grandes obras que adquirió Papá. Posteriormente obtuve una de Bruno Walter de 1958, la que me acompañó los últimos años del siglo pasado. Hoy, gracias a las enormes facilidades que nos entrega la tecnología y la web, conservo una de Bernstein del 77, Haitink 2006, la hermosa 5a del Kleiber del 75, una de Jochum del 59, Barenboim 99, la de Gardiner del 94 y obviamente en digital la de Walter del 58.
Cada una de ellas nace de una misma partitura, pero por sobre ella se erige un monumento diferente en sensaciones, colores, fidelidad y todas esas cosas que alimentan un foro de melómanos.
Ahora bien, ordenar tus archivos de música con varias versiones de una misma obra y donde importan los años del registro, directores, orquestas, interpretes entre otras características se hace sumamente difícil. En mi caso, llevo 17 años probando diferentes fórmulas para ordenar los discos, cambiando de programas y técnicas, las que me gustaría compartir con el que se encuentre en esta difícil situación.

Crear tu propio catálogo
Es una tarea compleja. Puede tomar muchísimo tiempo y puede presentar problemas si es que enlazas a los archivos multimedia. En algún momento intenté en Excel y por medio de HTML, pero se tornan muy pesados los archivos y cuesta actualizar a la hora de cambiar de computador o sistema operativo.Lo bueno es que puedes darle un diseño a tu gusto, incluso en las variables para ordenar.

ITunes
Para estos fines, no sirve.

OrangeCD Catalog
Completísimo programa para catalogar tu musica clásica. De pago. Presenta un hermoso diseño con muchas posibilidades para acomodarlo en cuanto a las columnas, carátulas, fuentes, colores, etc. El principal problema que presenta es que la información queda en una base de datos exclusiva del programa, no se graba en los archivos y se hace muy difícil de exportar. Recuerdo que luego de 5 años de uso llegué a límites de información peligrosos para el buen funcionamiento del programa y si sumamos que en Linux (el cual insisto en ocupar) no funciona de buena manera, no me quedaba otra que abandonarle.

Dos monstruos: Data Crow y Musicbee
Lo primero que probé fue DataCrow, excelentísimo programa de catalogación, pero que me presentó dos pequeños problemas que persistieron como para no seguir con él: No tiene un buen manejo de filtros y en Linux se me complicó hacerlo funcionar bien. Por el contrario, Musicbee funciona perfecto en Linux y Windows y tiene la gracia de ser sumamente editable, pero lo mejor de todo es que tiene la opción de agrupar, por lo que puedes tener el nombre de una sinfonía como titular y sus movimientos abajo como pistas.

Hoy: Foobar2000
Desgraciadamente me di cuenta muy tarde que en MusicBee registré información en la base de datos del programa y no directamente en los archivos. Drama. Por lo tanto aproveché de buscar por si habían alternativas mejores y me encontré con el maravilloso Foobar2000. ¿Por qué es una maravilla? Pues porque podemos configurar cuanta cosa se nos ocurra. Paneles, tags, filtros, etc. Todo lo podemos customizar a nuestro gusto y dejar la información directamente en los archivos de audio por si en un futuro nos mudamos a un nuevo programa.
Desde mi punto de vista, para ordenar la discografía clásica, con todo lo que ella exige, hoy es el mejor programa disponible y es completamente gratis.