domingo, 26 de julio de 2015

10 obras clásicas para moverse del asiento

No cabe duda que a pesar de que las buenas formas establecidas en el protocolo tácito del buen comportamiento en sala impiden que podamos levantarnos de nuestra butaca, mover nuestros brazos, hacer palmas o chasquear los dedos, hay obras o pasajes musicales que sin duda nos tientan a hacerlo. Acá va una selecta lista de ellos:

1-Pompa y Circunstancia de Elgar
La solemnidad y majestuosidad de esta obra llega a tal nivel que decidieron utilizarla para coronar a Eduardo VII de Inglaterra al año siguiente de su estreno en sociedad. Miles y miles de alumnos han cerrado sus estudios bajo estos acordes y hoy es un cierre oficial, junto a God Save The Queen, para cualquier circunstancia pomposa inglesa.



2-Intermezzo de la Suite Karelia de Sibelius
Obviamente en Chile esta obra cuenta con un amplio reconocimiento, ya que por décadas ha sido la cortina del Área Deportiva de TVN (aunque con la distorsión de velocidad de un disco de 33 RPM bajo 45 RPM). Sin duda el poder de esta pieza no nos podrá dejar quietos, más aún en la repetición del tema en marcha.




3-Obertura Guillermo Tell de Rossini
Para los más viejitos (no es mi caso) está vinculada a la serie de TV El Llanero Solitario, en especial la parte final de la Obertura, donde irrumpen trompas y trompetas los suaves y pastoriles pasajes del llamado “Ranz des Vaches”, o llamada a las vacas lecheras. Es una poderosísima galopa, que sobretodo en su final, nos puede desnudar en público si tenemos sangre caliente o no.




4- Allelluia de Haendel
Puede que sea porque se interpreta luego de casi dos horas de Oratorio o por ser ampliamente reconocida, pero cuando coro y orquesta anuncian la “buena nueva” pareciera que se abrieran los cielos con querubines tocando trompas celestiales y créanme que en vivo uno termina prácticamente sobre la butaca.




5- Obertura 1812 de Tchaikovsky
Esta es una verdadera batalla. Cañones, campanas, la Marsellesa, Dios salve al Zar, Napoleón, nieve y Moscú. Los pasajes de la obra son claramente perceptibles y nos van llevando al final más pomposo de la historia musical.




6- Las Valkirias de Wagner
Comienza el tercer acto de La Valkiaria y “Hojotoho! Hojotoho!” Las valkirias llegan como vientos huracanados. Luego de un siglo desde su composición, vemos tropas, helicópteros, Vietnam. Es una obra que a lo menos inquieta.




7- Votre Toast, Je Peux Vous Le Rendre de Bizet
Oh Torero! Qué momento tan festivo. Dan ganas de aplaudir y gritar “Olé” al comienzo y luego con la marcha da ganas de acompañarla, a lo menos, agitando los brazos.




8-La danza del Sable de Khachaturian
Van y vienen los sablazos armenios acompañados de percusiones y el xilófono como protagonista. Una obra sumamente dinámica, recomendada para el movimiento de hombros desde cualquier butaca.




9-El Danubio Azul Strauss Jr
Probablemente este vals, rico en pasajes multicolores, de variados ritmos e intensidades, suscite dos tipos de reacciones: Una es creer que se comienza a perder gravedad y flotar por la inmensidad del espacio y la otra es soñar en agarrar a tu pareja, dar vueltas con aquellas vestimentas y planificar la primera guerra mundial.




10-Berliner luft de Lincke
No tengo idea si Paul Lincke tuvo la intención de que sus "aires" de Berlín se transformaran en un momento de tanto jolgorio, chiflidos y payasadas, pero lo cierto es que ya es una tradición.

sábado, 11 de julio de 2015

Bach - Cantata BWV 3

La cantata "Ach Gott, wie manches Herzeleid" forma parte del Ciclo Anual de Cantatas Corales iniciado el día 11 de junio de 1724. El punto de partida es la canción de 18 estrofas de Martin Moller, basada a su vez en el himno latino medieval “Jesu dulcís memoriae", en el que se muestra a Jesús como consuelo y auxiliador. Resulta un tanto sorprendente el que el texto de esta canción no muestre relación alguna con el pasaje de los Evangelios leído con ocasión de aquél día: las bodas de Cana y el primer milagro realizado por Jesús. Este tipo de relación se busca en vano igualmente en las dos otras cantatas compuestas por Bach para este día (la BWV 155 de la época de Weimar y la BWV 13 para 1726). Los textos de las tres cantatas reflejan las adversidades de la vida, el rigor del camino que ha de conducir al creyente al cielo. Probablemente se refieren estos temas a la lectura epistolar que tiene lugar ese mismo día: «alegraros en la esperanza, sed pacientes en la adversidad, manteneros en la oración" (Epístola a los romanos. 12, 6 -16). La coral u otras estrofas sueltas de ésta han sido empleadas por Bach en otras cantatas, en la BWV 44, del año 1724 y, como coral titular, en la BWV 58 del año 1727.
El movimiento o período introductorio ha sido transcrito en “adagio" y es de expresivo carácter clamoroso. Dos oboi d'amore, el juego de cuerda y el continuo ejecutan el material temático de que se llegarán a servir las tres voces superiores prefigurando las frases corales correspondientes (melodía del “Oh Jesucristo, luz de mi vida” – “O Jesu Christ, meins Lebens Licht"). El cantus firmus es ejecutado por el bajo y realzado por un trombón - he aquí, junto a las cantatas BWV 2 y BWV 96 (alto), BWV 7 (tenor) y BWV 135 (bajo), una de las excepciones del ciclo anual de cantatas corales en cuyos restantes casos asigna Bach el cantus firmus a la voz de soprano. También en el subsiguiente recitativo, en el que participan las cuatro voces, resuena la coral en tanto período engarzante de cuatro voces en solo (esto es, en el que las cuatro voces se hallan separadas entre sí) y cuya primera frase como motivo ostinato es en continuo. La siguiente aria, por alternancia de retos a intervalos, configura expresiones textuales concretas como "opresión infernal" (“Hóllenangst”), "dolor" (“Pein") y "gozoso cielo" (“Freudenhimmel”) en figuras decididamente cromáticas y más bien melódicas. Estos rasgos caracterizan igualmente al recitativo siguiente. Antes del sencillo período coral final escuchamos un dueto en el que nuevamente intenta Bach dar forma a textos antónimos como "preocupaciones" (“Sorgen”), "angustia" (“Bedrángnis") y "alegría" (“Freudigkeit”). El acto de llevar la cruz, finalmente, se expresa implícitamente acaso en las notas dominantes y modulaciones en modos tonales tan entrecruzados como el Fa sostenido menor y el Do sostenido menor. No sería ésta la única vez en que Bach dejara de mostrar exteriormente semejante metaforismo permitiendo percibir su sentido solamente al observador de la partitura y las voces.

martes, 23 de junio de 2015

Concierto N°11 Temporada 2015 CEAC (20/06/2015)

Hemos vuelto al Centro de Extensión Artística y Cultural de la Universidad de Chile (CEAC) para disfrutar del Concierto número 11 de la temporada 2015 titulado “Música para Volar”. El programa, que incluía obras de Weber, Rachmaninoff y Elgar, estaba bajo la dirección del joven maestro estadounidense Garrett Keast, que cerraba su periplo en Chile con su último concierto. Previamente, el director norteamericano ya había ofrecido tres conciertos de la temporada 2015, con obras de Tchaikovsky, Faure, Liszt, Piston, entre otros.

Obertura Oberón

Como es costumbre en los programas del CEAC, abrimos con una obra breve que tiene como objetivo dejar entrar a los que han llegado tarde a la función. La colorida obertura Oberón J.306 de Carl Maria von Weber es, sin lugar a dudas, pulpa de grandes obras wagnerianas y de otros representantes del romanticismo alemán. Destacaron los cornos, especialmente en el Adagio sostenuto y la orquesta en su conjunto para el in crescendo final. Los atrasados no se perdieron la nata, pero sí una buena muestra de la orquesta.

El tercero de Rachmaninoff

Con tan sólo 19 años, el pianista italiano Leonardo Colafelice se sentó frente al piano Steinway & Sons (recientemente adquirido) para interpretar el complejísimo Tercer Concierto para Piano y Orquesta en Re menor Op. 30. Puede que el ruidoso manejo de pedal o los sonidos que hacía con su boca incomodaran al respetable que anoche llenó el ex Teatro Baquedano. Sin embargo, me ha encantado aquella combinación “inmadura” y juvenil que se ha impregnado con el romanticismo desbordado del concierto. Aunque no está en la partitura, pareciera ser exigencia de esas páginas un intérprete que pueda saltar, sufrir y llorar frente al teclado. No es Argerich, Berman o Horowitz, pero rompo una lanza por la interpretación que nos ha brindado el joven italiano y, al parecer, para el público también ha sido de agrado, ya que le han hecho salir varias veces a punta de aplausos.

Las Variaciones Enigma

Una cosa es escuchar las catorce variaciones para orquesta en la comodidad del hogar y otra muy diferente es ver como Sir Edward Elgar despliega su juguetona obra en la orquesta. Pasajes de enorme colorido, contrastan con otros lúgubres y de alta dificultad, donde han destacado las cuerdas y en especial las maderas. La obra ha sido técnicamente el punto más alto de la jornada y una nueva muestra del alto nivel de la Sinfónica.

martes, 26 de mayo de 2015


viernes, 1 de mayo de 2015

El Retrato vuelve a casa

El pequeño John Elliot conocía cada detalle del retrato que colgaba en el descanso de la escalera de su hogar. Nada le parecía extraordinario, salvo la explicación que le había dado su padre: se trataba de un genio de la música llamado Johan Sebastian Bach.
 El cuadro había llegado a la familia Gardiner a mediados de la década del treinta en circunstancias poco felices. Fue entregado para su custodia al señor Gardiner por el profesor de música judío Walter Jenke, que llegó a Inglaterra junto a su familia desde Breslavia (Polonia) huyendo del régimen Nazi. Como los Gardiner contaban con una casa de campo en el apartado condado de Dorset, Jenke confiaba que la ola de destrucción de la Segunda Guerra Mundial no alcanzaría a esta pequeña zona rural. Efectivamente fue así, la casa y el retrato de Bach sobrevivieron sanos y salvos a la guerra.

Hoy, 267 años después de que E. G. Haussmann, el retratista oficial en Leipzig, inmortalizara al genio de Eisenach sobre la tela, el cuadro ha regresado a su ciudad de origen. Ciudad donde también descansan los restos del maestro alemán.
El retrato ya está en casa y John Elliot Gardiner, el otrora pequeño que observaba el cuadro cada noche antes de entrar a su habitación, no solo se ha consolidado como un gran director de orquesta, sino también como el más destacado de los directores en la obra de Johan Sebastian Bach.

domingo, 15 de marzo de 2015

Concierto N°1 Temporada 2015 CEAC (13/03/2015)

Sorpresas y más sorpresas. Así habría sido bueno titular esta entrada destinada al Primer Concierto de la Temporada 2015 del CEAC (Centro de Extensión Artística y Cultural de la Universidad de Chile), aunque prefiero mantener el orden preestablecido para así leerlas en un futuro y avergonzarme de todo esto.

EL PIANISTA QUE NO FUE
El siempre atractivo Concierto N°1 para Piano y Orquesta de Pyotr Ilyich Tchaikovsky estaba destinado para el solista estadounidense Tzimon Barto, que lamentablemente sufrió un problema de salud a pocos días del concierto agendado. De la chistera (probablemente de Leonid Grin) apareció Alexander Markovich, un pianista que de israelí sólo tiene el papel de ciudadanía, porque es un ruso de ushanka y lomo. Lo cierto es que Markovich llegó con un currículo notoriamente mejor que el decaído Barto: Grabaciones con Maxim Vengerov, Neeme Järvi; conciertos con Zubin Mehta, Vladimir Jurowski y otras muchas medallas que hacían de este concierto un imperdible.

FANFARRIA Y ROMANTICISMO
Comenzamos Con la “Fanfarria para un hombre común" de Aaron Copland lo que dio posibilidad a dejar en escena solamente a los bronces y percusiones que la obra demanda. La pieza es engañosa. El desnudo al que quedan los bronces, les obliga a cuidar la interpretación hasta en los mínimos detalles. Justamente por esto, se hicieron notar descoordinaciones en los ataques y una falta de seguridad en la interpretación.

EL CONCIETRO
El recientemente adquirido piano de cola entera marca Steinway & Sons, se presentaba en sociedad con uno de los conciertos más famosos de la historia de la música: El Concierto N°1 para Piano y Orquesta en Si bemol menor, Opus 23. Leonid Grin no atropelló con su batuta, separó con claridad los espacios destinados al piano de la orquesta, lo que ayudó a la expresión de Markovich, un solista realmente notable. Para el primer movimiento se notaron algunas imprecisiones entre piano y orquesta. Algo de inseguridad en el Andante por parte de las maderas. Sin embargo, el tercer movimiento, el Allegro con fuoco, ha estado a la altura de las mejores interpretaciones de la obra, ha sido un cierre realmente sensacional.
El concierto en su conjunto ha estado a gran nivel, digno merecedor de los interminables aplausos que han llevado al solista israelí a interpretar, luego de salir ocho veces, un par de piezas para satisfacer al respetable.

EL MISTERIO
Luego del intermedio nos acomodamos para recibir la Sinfonía Manfredo en Si menor Opus 58 de Pyotr Ilyich Tchaikovsky. Primera vez que escucho esta sinfonía en vivo y probablemente esa experiencia la vivió la gran mayoría de los asistentes. Debido a que no es una obra muy conocida y no está numerada dentro de las sinfonías, pocas veces se le ve en los teatros.
Lo primero que hay que destacar es la total entrega de la Orquesta Sinfónica de Chile y su director titular. La obra es compleja, sumamente exigente y con pasajes de ese elevadísimo romanticismo Tchaikovscoviano. La Interpretación superó la caída de un soporte de viola en un silencio y algunos problemas en los clarinetes y llegó al nivel de fundirnos en una emoción que, al parecer, llegó a remecer al propio Grin.
Lo que me ha dejado intrigado, ha sido el cierre de la Sinfonía. Del Allegro con fuoco final nos saltamos a los últimos compases del primer movimiento para cerrar con pompa. Esto dista mucho del par de registros que tengo. ¿Existe por parte del autor una revisión de la obra o fue un arrojo de Grin? Lo más probable es que lo que escuchamos esté como opción ante la ausencia del órgano que demanda la obra para la coda del Finale.
 De todas maneras el resultado ha sido fantástico. La satisfacción se ha reflejado tanto en los intérpretes como en el público asistente, que se ha llevado, sin lugar a dudas, una jornada para el recuerdo.