domingo, 7 de febrero de 2016

Per la ricuperata salute di Ofelia

Un día cualquiera de 1830, Pushkin abrió el tintero, untó los rumores que venían de muy lejos y literalmente de un plumazo destrozó la memoria del compositor italiano Antonio Salieri con su novela «Mozart y Salieri». Siglo y medio más tarde, Miloš Forman replicaría la fórmula, pero esta vez para la pantalla grande y el Mundo.
«Somos los Salieris de Charly» cantaba allende el Atlántico León Gieco y todos entendíamos a lo que se refería, especialmente con lo de «Le copiamos melodías a él Ja Ja Ja». A ese nivel se arrastraba por el fango la memoria del compositor italiano.
Pero este nuevo año 2016 nos ha traído otro capítulo de esta incombustible «teleserie» sobre la rivalidad entre estos dos grandes compositores. Hace un tiempo en La verdad de Salieri escribía sobre la necesidad de terminar con esta chimuchina y replantear la vida y obra de Antonio Salieri. Pues bien, nos ha llegado la excelente noticia sobre un notable hallazgo que ya debería firmar la lápida a estos doscientos años de incómodo descanso del maestro italiano.
Me imagino la emoción del musicólogo Timo Houko Herrmann cuando le informaron del Museo de la Música en Praga que habían encontrado la partitura (hasta entonces desaparecida) de la cantata de Salieri "Per la ricuperata salute di Ofelia», pero no me cabe duda que le temblaron las piernas al ver en un pasaje de ella, las firmas de un tal «Cornetti», de Antonio Salieri y la del mismísimo Wolfgang Amadeus Mozart como compositores. Es decir, ambos trabajaron juntos en algunos pasajes de la obra.

El 12 de octubre de 1785, la bella Nancy Storace interpretó, luego de sufrir problemas con sus cuerdas vocales, a Ofelia y es justamente para ella la dedicatoria que hacen estos tres personajes en esta partitura. Probablemente atraídos por otras motivaciones más allá de las vocales.

Se rumorea que en las próximas semanas volverán a sonar aquellos acordes en Salzburgo, gracias a la Fundación Mozarteum. Esperemos que sea el canto del cisne de este rumor mal intencionado para que Salieri pueda finalmente descansar en paz y nosotros disfrutar de su obra.

martes, 2 de febrero de 2016

Catalogando la música

La primera "5a" de Beethoven que tuve fue un cassette de la revista Ercilla, no recuerdo el conductor, ni la orquesta y menos el año de registro, pero apareció a mediados de los 80s en una colección de grandes obras que adquirió Papá. Posteriormente obtuve una de Bruno Walter de 1958, la que me acompañó los últimos años del siglo pasado. Hoy, gracias a las enormes facilidades que nos entrega la tecnología y la web, conservo una de Bernstein del 77, Haitink 2006, la hermosa 5a del Kleiber del 75, una de Jochum del 59, Barenboim 99, la de Gardiner del 94 y obviamente en digital la de Walter del 58.
Cada una de ellas nace de una misma partitura, pero por sobre ella se erige un monumento diferente en sensaciones, colores, fidelidad y todas esas cosas que alimentan un foro de melómanos.
Ahora bien, ordenar tus archivos de música con varias versiones de una misma obra y donde importan los años del registro, directores, orquestas, interpretes entre otras características se hace sumamente difícil. En mi caso, llevo 17 años probando diferentes fórmulas para ordenar los discos, cambiando de programas y técnicas, las que me gustaría compartir con el que se encuentre en esta difícil situación.

Crear tu propio catálogo
Es una tarea compleja. Puede tomar muchísimo tiempo y puede presentar problemas si es que enlazas a los archivos multimedia. En algún momento intenté en Excel y por medio de HTML, pero se tornan muy pesados los archivos y cuesta actualizar a la hora de cambiar de computador o sistema operativo.Lo bueno es que puedes darle un diseño a tu gusto, incluso en las variables para ordenar.

ITunes
Para estos fines, no sirve.

OrangeCD Catalog
Completísimo programa para catalogar tu musica clásica. De pago. Presenta un hermoso diseño con muchas posibilidades para acomodarlo en cuanto a las columnas, carátulas, fuentes, colores, etc. El principal problema que presenta es que la información queda en una base de datos exclusiva del programa, no se graba en los archivos y se hace muy difícil de exportar. Recuerdo que luego de 5 años de uso llegué a límites de información peligrosos para el buen funcionamiento del programa y si sumamos que en Linux (el cual insisto en ocupar) no funciona de buena manera, no me quedaba otra que abandonarle.

Dos monstruos: Data Crow y Musicbee
Lo primero que probé fue DataCrow, excelentísimo programa de catalogación, pero que me presentó dos pequeños problemas que persistieron como para no seguir con él: No tiene un buen manejo de filtros y en Linux se me complicó hacerlo funcionar bien. Por el contrario, Musicbee funciona perfecto en Linux y Windows y tiene la gracia de ser sumamente editable, pero lo mejor de todo es que tiene la opción de agrupar, por lo que puedes tener el nombre de una sinfonía como titular y sus movimientos abajo como pistas.

Hoy: Foobar2000
Desgraciadamente me di cuenta muy tarde que en MusicBee registré información en la base de datos del programa y no directamente en los archivos. Drama. Por lo tanto aproveché de buscar por si habían alternativas mejores y me encontré con el maravilloso Foobar2000. ¿Por qué es una maravilla? Pues porque podemos configurar cuanta cosa se nos ocurra. Paneles, tags, filtros, etc. Todo lo podemos customizar a nuestro gusto y dejar la información directamente en los archivos de audio por si en un futuro nos mudamos a un nuevo programa.
Desde mi punto de vista, para ordenar la discografía clásica, con todo lo que ella exige, hoy es el mejor programa disponible y es completamente gratis.

domingo, 10 de enero de 2016

Concierto Gala 75 Años Temporada 2016 CEAC (09/01/2015)

Luego de tan buenos momentos, algunos imborrables de la memoria cercana, no nos podíamos ausentar de la celebración de los 75 años de la Orquesta Sinfónica de Chile. En esta ocación la programación optó por una gala lírica en base a fragmentos de las más conocidas óperas italianas. Exquisitos fragmentos de las grandes obras de Verdi, Puccini, Mascagni y Leoncavallo, nos deleitaron e incluso emocionaron durante la velada.
La Orquesta ha estado dirigida por el suizo (hispano- estadounidense) de aleteos mahlerianos François López-Ferrer, que asumió recientemente como director asistente. Tras ellos el impecable Coro Sinfónico de Chile y en las voces designadas para las arias contamos a la soprano Paulina González, de hermosísima voz y al tenor José Azócar que emocionó con un memorable “Vesti la Giubba” (“Pagliacci” de Leoncavallo).
La noche ha estado impecable, al más alto nivel. Digno de la orquesta más antigua del país. Larga vida y mucha música.

miércoles, 6 de enero de 2016

Pierre Boulez 1925 - 2016


jueves, 31 de diciembre de 2015

El Nacimiento del Romanticismo Musical

Para la filosofía del siglo XVII y parte del XVIII, la música ocupaba el último escalón de las artes, debido a su incapacidad para imitar la naturaleza (condición esencial según el pensamiento de aquellos años) y por lo tanto, para "enriquecer la Razón". Este pensamiento imperaba fuertemente en tierras germanas y encontró fiera oposición en algunos tratados, como el de Jean-Philippe Rameau en el “Traité de l'hannonie”. "Mi finalidad -declara el compositor francés- es la de restituir a la razón los derechos que ha perdido en el campo musical. La música es una ciencia que debe tener reglas establecidas; estas reglas deben derivar de un principio evidente, y este principio no puede revelarse sin la ayuda de la matemática".

El compositor francés refuerza su defensa en “Essai sur l'origi,ne des tangues”: La melodía imita "las inflexiones de la voz, expresa los lamentos, los gritos de dolor o de alegría, las amenazas, los gemidos ( ... ) No imita solamente, sino que habla, y su lenguaje inarticulado pero vivo, ardiente, apasionado posee cien veces más energía que la palabra misma. He aquí donde nace la fuerza de la imitación musical, he aquí donde alcanza el poder que ejerce sobre los corazones sensibles".

Lo que plantea Rameau toma cada vez más fuerza. Se plantea que si bien todas las artes representan un medio para manifestar nuestros más profundos sentimientos, la música es el arte por excelencia gracias a su capacidad expresiva. Hegel la eleva a la máxima perfección junto a la poesía y Shopenhauer como la forma pura del sentimiento.
Esta nueva condición sitúa al compositor como un creador libre. Ahora es mal visto el trabajo de un músico de corte que desarrolla su arte en base a encargos de un patrón. Es el músico el apto para expresar o representar una equivalencia de todos los matices de la afectividad.

El principal canalizador de estos nuevos preceptos es Ludwig van Beethoven. Él representa la culminación del estilo clásico y abre las puertas al nuevo lenguaje del romanticismo. Grandes compositores como Mendelssohn, Wagner o Schumann ven en él un hito en la secuencia histórica de la composición, aunque desde distintos ángulos.

La música "es forma y nada más que forma. Todo lo demás es un montón de arena'' argumentaba Felix Mendelssohn. Coinciden con él Schumann, su esposa Clara Wieck, Brahms, entre otros. Se sentían herederos de Beethoven en cuanto les ofrecía un lenguaje osadamente expresivo, pero sometido al imperativo categórico de la forma, bajo una verdadera armonía de proporciones y una coherente relación entre los elementos estructurales de la creación musical.
Por otro lado, Berlioz, Wagner y fundamentalmente Franz Liszt buscaban nuevas formas musicales, inspirados en la revolución musical que llevó a cabo Beethoven. Para ellos, él había abierto las puertas para una nueva música, construida con libertad y flexibilidad en el orden y el número de los movimientos y cierta proclividad a incorporar elementos programáticos. Fundamentalmente en sus oberturas, las cuales Liszt las perpetuará en una nueva forma musical bautizada como Poemas Sinfónicos.

Ambos bandos dan pie a lo que hoy conocemos como La Guerra de los Románticos, la que derramó mucha tinta entre tratados, cartas, revistas, dimes y diretes. Todo muy sabroso, aunque poco fructífero para el buen desarrollo del romanticismo.

martes, 15 de diciembre de 2015

Una disonancia en la Fuerza

Estamos a tan solo horas de que las salas abran sus puertas para El Despertar de la Fuerza (The Force Awakens), la séptima entrega de Star Wars. Han pasado ya casi 40 años desde el estreno de la primera de las películas (Capitulo IV) y el inicio de uno de los mayores éxitos de la industria del cine y de una de las bandas sonoras más reconocidas, interpretadas y revisitadas.
Las inconfundibles melodías nacen de las partituras de John Williams, uno de los compositores más destacados del cine de la segunda mitad del Siglo XX. Es cierto, no quise subirlo al podio de todos los tiempos porque hemos de apretar un poco, especialmente a la hora de analizar la Banda Sonora de Star Wars.
Estamos claros que en la partitura ronda el espíritu de Gustav Holst, especialmente con su suite “Los Planetas”, Wagner o Stravinsky. Pero yo diría que en la siguiente obra, más que una inspiración, hay todo un “tributo” (para ser suaves), con la fanfarrea “Kings Row”(1942) de Erich Korngold. Escuchen, comparen y que la Fuerza los acompañe.