Incierto futuro para el New York City Opera

Aunque Gérard Mortier dejó de ser el director general del New York City Opera hace dos meses, aún resuenan sus promesas para 2009: importar la magnífica producción inglesa de 2007, de "Muerte en Venecia", de Britten, y montar "Einstein on the Beach", de Philip Glass, y "San Francisco de Asís", de Messiaen.

Con un déficit de 15 millones de dólares, la institución aún no tiene un director. Conocida desde su fundación como "la ópera del pueblo", en contraste con la Metropolitan Opera, allí siguen debutando las voces emergentes que luego se volverán estrellas, como lo hizo Plácido Domingo, en 1966, en "Don Rodrigo", de Ginastera.

Pero, además, su programación siempre se ha hecho con un criterio netamente musical. Hora de revisar, entonces, los enormes aplausos que se ha llevado hace poco el Met por presentar "Moisés y Aarón", de Schoenberg; "Doktor Faust", de Busoni, o "El caso Makropoulos", de Janacek. Producciones todas que fueron puestas en escena mucho antes por el New York City Opera. Ésa es la diferencia entre misión y marketing, argumento principal para rezar con la esperanza de que la entidad sobreviva a la crisis.